El
interés creciente por la biomasa de la caña
de azúcar para la producción de biocombustibles
y como fuente de energía para cogeneración
llevó a la Sociedad Internacional de Técnicos
Azucareros (ISSCT, por su sigla en inglés)
a promover la creación de un consorcio internacional
en biomasa de la caña de azúcar. El
objetivo del consorcio, constituido en 2006, es desarrollar
tecnología genérica de utilidad para
los países miembros. Cenicaña participa
en representación de Colombia. Para la producción
de biocombustibles se usan los azúcares y
la celulosa del bagazo, el cogollo y las hojas de
la caña de azúcar, mientras que en
la cogeneración de energía se usan
la fibra del bagazo y los residuos de la cosecha.
La demanda actual y futura de
combustibles limpios ofrece un potencial promisorio
para cultivos
productores de alta biomasa. La caña de azúcar
y la palma africana, cultivos establecidos en Colombia
y acerca de los cuales se tiene información
sobre los sistemas de producción y los procesos,
ofrecen las mayores posibilidades inmediatas como productores
de biomasa para biocombustibles. Según estudios
internacionales, la ventaja no es sólo en productividad
sino en el balance de energía requerida para
producir una “unidad” de energía.
El
desarrollo tecnológico que la industria azucarera
colombiana ha tenido en los últimos treinta
años
la ha ubicado en los primeros lugares en productividad
en el contexto mundial azucarero, y existen oportunidades
de mejoramiento con miras obtener mayor biomasa para
la producción de etanol, complementaria a
la producción
de azúcar. Varias opciones de mejoramiento
son factibles en el corto y en el mediano-largo plazos.
En
el corto plazo, el desarrollo tecnológico
con el enfoque de agricultura específica por
sitio (AEPS) es un apoyo fundamental. La caracterización
cada vez más precisa de las zonas agroecológicas,
el desarrollo de tecnologías específicas
para tales zonas (variedades y manejo agronómico),
la transferencia de tecnología con el mismo
enfoque, la cultura de compartir información
acerca de las mejores prácticas y la cultura
de análisis
de la información son la base de la AEPS,
cuya aplicación en el valle del río
Cauca ha contribuido a incrementar en 15% la productividad
de
la caña de azúcar en los últimos
cinco años.
En el mediano y
el largo plazos, el mejoramiento genético
convencional en la búsqueda de variedades de
caña
de alta biomasa ofrece oportunidades de avance, dado
que la variabilidad genética es mayor para los
factores relacionados con biomasa que para los relacionados
con sacarosa. La selección de variedades con
mejor producción de caña y alta sacarosa
para la producción de azúcar y etanol
se mantendrá como
lineamiento en el programa de desarrollo de nuevas
variedades de Cenicaña, y la selección
por alta biomasa se establecerá como un proceso
paralelo.
Con respecto
a la aplicación de la biotecnología
a nivel molecular, un complemento del mejoramiento convencional,
el interés inicial se centró en la búsqueda
de los genes que controlan la síntesis de sacarosa
en la planta. El proceso es complejo y los avances muestran
que para identificar la gran cantidad de genes que participan
en la síntesis de la sacarosa es necesario entender
mejor las reacciones bioquímicas que determinan
la transformación de los productos iniciales de
la fotosíntesis en las hojas y su proceso de acumulación
en los sitios de almacenamiento del tallo, conocidos
como vacuolas. Estudios del Consorcio Internacional de
Biotecnología de la Caña de Azúcar
(ICSB, sigla en inglés), en el cual participa
Cenicaña, generarán información
al respecto. Genes que controlan aspectos relacionados
con el crecimiento y la biomasa han sido identificados
en caña de azúcar y en otros cultivos,
como son los genes de resistencia a enfermedades causadas
por virus y bacterias o los genes de adaptación
a la sequía. Cenicaña está trabajando
con estos genes y tiene resultados preliminares.
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