“El Hatico no es un proyecto romántico; es una realidad económica”

Carlos Hernando Molina es uno de los integrantes de la familia Molina Durán, al frente de la reserva natural El Hatico. Carta Informativa lo entrevistó para conocer un poco más sobre este proyecto de vida familiar que le apostó al manejo agroecológico de la caña de azúcar.

Carlos Hernando Molina y su padre, Carlos Hernán Molina, han sido dos de los representantes de la familia al frente de este proyecto de vida.

Carta Informativa: 

¿Cómo nació la reserva natural El Hatico?

Carlos Hernando Molina:

El nombre de reserva natural es fruto de la reflexión que en 1993 hicimos muchos particulares sobre el papel de la sociedad civil en la conservación. Así nació la Red Nacional de Reservas de la Sociedad Civil, que hoy aglutina a más de doscientos propietarios. 

Pero este no es un esfuerzo de solo veintitrés años, sino de nueve generaciones de la familia Molina. Una de esas generaciones, la sexta, fue la de Ciro Molina Garcés y mi abuelo, Carlos Hernando Molina Garcés, quienes hicieron valiosos  aportes al desarrollo agropecuario del valle del río Cauca y de Colombia.

Ya en textos de los años treinta, Ciro Molina enfatizaba en la importancia de la agroforestería para la ganadería y la agricultura. Las siguientes generaciones de la familia siguieron sus directrices y hoy El Hatico, con 285 hectáreas, tiene el bosque seco tropical más grande del valle geográfico del río Cauca (15 hectáreas), una extensa área sembrada con guadua (25 hectáreas), 110 hectáreas cultivadas con caña de azúcar, y 135 hectáreas destinadas a la actividad pecuaria para producción de leche y carne bovina, bufalina y ovina, con base en un manejo racional de los recursos agroforestales.

CI: ¿Cómo llegaron a implementar un manejo agroecológico en el cultivo de la caña de azúcar?

CHM: Una caracterización de los suelos de El Hatico realizada en 1994 nos preocupó por la merma en la materia orgánica de los suelos que conducía a una caída en la producción y a una mayor dependencia de insumos. Esta situación, sumada al impacto generado por el cambio climático, nos llevó a preguntarnos en qué condiciones íbamos a entregar el patrimonio  de nuestros hijos.

CI: ¿Y qué comprende el manejo agroecológico de la caña de azúcar?

CHM: Este manejo agroecológico integra lo agrícola, lo pecuario y lo forestal.   

La caña de azúcar no es enemiga de ese tipo de integración; por el contrario, todos los días más de cuatrocientos ovinos de El Hatico consumen los arvenses asociados con su cultivo, lo que popularmente llamamos malezas. 

Los cultivos de caña de azúcar están alinderados con cercos vivos de  árboles que producen frutos y flores, Esta diversidad permite que surjan aliados del sistema de producción, como los insectos controladores de plagas.

Después de la cosecha en verde se utilizan los residuos en el campo, que son determinantes en la recuperación de la fertilidad de los suelos. La hojarasca, por ejemplo, ayuda a conservar la humedad del suelo, con lo cual disminuyen significativamente los costos del riego, el ítem más alto del sistema.  

Por otra parte, cada día buscamos aumentar la producción mermando los costos. En el 2014 alcanzamos una producción de 10,28 toneladas de caña por hectárea mes (TCHM), con 14 cortes en promedio 

Además, promovemos empleo. Solo para despaje y control de arvenses se requieren veinte jornales por hectárea, lo que significa que mantenemos un grupo permanente de ocho a diez trabajadores para cien hectáreas.

CI: Según ese manejo, ¿en El Hatico no se hace control biológico?

CHM: Por supuesto que sí. Lo que no se realiza son liberaciones de parasitoides, porque la diversidad, estimulada por el manejo limpio, es muy alta y se encarga de controlar los posibles insectos plaga, como la Diatraea, que en los últimos cuatro años se ha mantenido en niveles por debajo de 2.5%. 

CI: ¿Y qué pasa con otras labores como la preparación del suelo, la fertilización, el riego…?

CHM: Utilizamos la mínima mecanización necesaria. Todo depende de las condiciones de la cosecha; pero la tendencia es a reducir cada vez más la mecanización, pues el solo hecho de roturar o rastrillar estimula la liberación de CO2 y disminuye la materia orgánica.

Para la fertilización aprovechamos los residuos de estiércol de las especies pecuarias presentes en la reserva, pollinaza o gallinaza, de fuera del sistema de producción, y abonos verdes como el fríjol Caupí, investigación que venimos realizando con Cenicaña.

Para el riego implementamos el sistema de canal abierto con trinchos cada veinte metros, y utilizamos el agua que nos llega del río Amaime, pues gracias al trabajo con las asociaciones de usuarios y el Fondo Agua por la Vida y la Sostenibilidad las cuencas están recuperando su capacidad de regulación, lo que permite que cada día usemos menos las aguas profundas. 

La nueva investigación que realiza Cenicaña con lisímetros de pesaje para calcular con mayor precisión la evapotranspiración, nos dará herramientas para manejar con mayor eficiencia este recurso y para controvertir a quienes afirman que los cultivos de caña de azúcar utilizan más agua que otros cultivos. Con el uso de tubería con ventanas, riego por goteo o microaspersión, el sector viene utilizando cada vez menos agua, y en la medida en que los productores adopten el sistema de cosecha en verde los residuos de cosecha harán que se incremente la materia orgánica del suelo. 

CI: ¿No fue arriesgado cambiar las labores y procesos del manejo convencional para adoptar los del manejo agroecológico?

CHM: En muchos aspectos, sí. Por ejemplo, la decisión de no aplicar más urea nos costó tres años de disminución en la producción. Hoy, veinte años después, podemos decirles a los agricultores que los cambios, especialmente en fertilización, implican un periodo de transición de por lo menos tres años. La diferencia y el beneficio significativo se obtienen especialmente aprovechando los residuos de cosecha sin quema. Es esta una decisión que deberían tomar los cultivadores de caña de azúcar para beneficio de su patrimonio y la salud del planeta. 

El aspecto económico es importante para nuestra empresa familiar, porque somos conscientes de que la aceptación de este enfoque se basa en su viabilidad y eficiencia económica. Este no es un proyecto romántico: es una realidad económica con fuertes impactos sociales y ambientales.  

¿Quién era Ciro Molina Garcés?

Fue el primer secretario de Industrias del Valle del Cauca (1926-1930) y secretario de Agricultura y Fomento (1942-1947), también del departamento. Entre sus obras más destacadas está la organización del primer estudio agronómico del Valle del Cauca o Misión Chardon (1929), la concepción de la Estación Experimental Agrícola de Palmira (hoy ICA), el impulso a la formación del Comité Departamental de Cafeteros (1928), la instalación de la Universidad Nacional de Colombia sede Palmira, la creación de la CVC y la construcción de la represa de Salvajina.  

Premio Planeta Azul

El pasado 4 de junio el Banco de Occidente otorgó el premio Planeta Azul en la categoría Pymes a la reserva natural El Hatico, por los esfuerzos de : varias generaciones en la conservación de una zona de bosque nativo en el Valle del Cauca y en el desarrollo de un modelo de producción agroecológico de la caña de azúcar y sistemas silvopastoriles intensivos.

Carta Informativa
Año 3 / Número 1 /Julio de 2015

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